La belleza de fatiga y el sabor de la aventura

"Queremos que la gente redescubra el significado de la palabra: fatiga"

España para mí siempre ha sido el ciclismo de los escaladores románticos, de aquellos que igual que subían como cohetes, en las bajadas casi se paraban. La España de los Don Quijotes, de los caballeros de la triste figura, del desafortunado Luis Ocaña, del Eroico Marino Lejarreta, que siempre estaba sentado encima de la bici, de Delgado y de su Eroica con el Mallot Amarillo, y finalmente de un mundial de ciclismo inolvidable en Benidorm cuando dos magníficos y bellísimos ciclistas se desafiaron y, por una vez, ganó mi admirado Gianni Bugno al monumental Miguel Induráin.

España, además de ser el país que ha dado a mi queridísima América Latina un idioma tan romántico, es también donde por tradición y recuerdo se han dejado los toros de Osborne en las cunetas de las carreteras. España, tierra donde las tradiciones antiguas sobreviven porque son fuertes signos de identidad, de pertenencia y valores.

Luego está la España que comparte Los Pirineos del mito, de la historia del Tour y de la Vuelta. Que cuida y cultiva con inmenso amor el Camino de Santiago, el sendero del alma, con sus iglesias y sus castillos, como en el Chianti, mi tierra.

En la región de La Rioja también hay mucho paisaje igual al mío, donde el hombre ha diseñado hermosos viñedos, que han conservado sus caminos de tierra y colores para dibujar las estaciones.

Finalmente está Willy Mulonía, el hombre más similar a mí mismo que he tenido la posibilidad de conocer hasta el día de hoy: primero el corazón, la mente, el propósito, el valor para abogar y también para la aventura, y a continuación todo lo demás. Rápido, pero que deja una sensación muy agradable.

Por último, pero no por ello menos importante, la bienvenida atenta, cariñosa y acogedora de un territorio extraordinariamente lindo y de sus Instituciones.

Por todo ello estoy seguro de que “mii hija L'Eroica” estará muy bien en España, querida y amada por tanta y tan bella gente.


Giancarlo Brocci